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Mi libertad y el paso de ‘novio’ a ‘esposo’

Mi libertad y el paso de ‘novio’ a ‘esposo’

Por: Euclides Kilô  Ardila.

Aunque esta columna no pretende tratar un asunto semántico, debo confesar que me desagrada que les hayan puesto el calificativo de ‘esposas’ a aquellos ganchos, grilletes o dispositivos de seguridad que fueron diseñados para mantener juntas las muñecas de una persona; es decir, para mantener preso a alguien.

Y aunque sé que el concepto de ‘esposa’ tiene su origen etimológico en el latín ‘sponsus’, algunos tergiversan la expresión al punto de que creen que ellas, sus esposas, pueden llegar a ser sus prisioneras. Y para no hablar solo de ellos, también diría que algunas se creen con el derecho de relacionar el término ‘esposo’ con la ‘atadura’ de manos de sus hombres.

Hago tal introducción para citar un tema que les interesa a todos los novios y que, antes de dar el sí, a veces los pone a titubear en las relaciones. ¡Hablo de la libertad!

No cabe duda que lo que más les aterra a muchos, para acceder al matrimonio, es que en el papel pierden la oportunidad de ser libres. Incluso está tan arraigado ese concepto que, así no lo queramos admitir, nos hemos inventado las famosas despedidas de solteros y de solteras, dizque para aprovechar al máximo el último día del pontificado estado civil de la soltería.

El tema va más allá de ese supuesto adiós a la libertad. Usted no se casa ni para ponerles ‘esposas’ a las manos de su pareja, ni mucho menos para quedar preso en la cárcel del hogar. Es obvio que todos, sin excepción alguna, somos libres para actuar, opinar y decidir qué hacer con nuestras vidas; estemos en familia, casados, solteros o viudos.

En el matrimonio o en las famosas uniones libres, no somos ni jueces ni mucho menos carceleros como para pretender tener la potestad de que alguien termine en nuestras celdas.

Usted no se casa con una esclava o un esclavo; mucho menos con prisionero o prisionera alguna. Usted lo que decidió fue compartir su vida con ese ser que es su complemento, al que respeta, admira y ama.

Mejor dicho: Una de las bendiciones que recibimos todos, debajo del tema nupcial, es que si bien nos convertimos en amados esposos, jamás podemos ser amantes presos.

La clave de la libertad es la confianza, el respeto y, sobre todo, el tener en cuenta que cada persona valora los espacios, las necesidades y por supuesto los sentimientos del otro. Valorar significa respetar la libertad: lo que es importante para ti, es importante para mí.
El compromiso no es un grillete. Es aceptar esforzarnos por resolver los problemas de manera que los dos aportemos y estemos felices con las soluciones.

 

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